Capítulo 0 -Iniciando lo terminado -
Veces el dolor es tan indescriptible que uno no se da cuenta que lo ha estado sufriendo por durante años y sin embargo sigue inamovible en un solo lugar, en mi caso particular mi corazón y sentimientos siguen tan oscuros, como cuando aquel día me marché de mi hogar, a pesar de las lágrimas de mi madre, tenía que seguir mi camino, no sé, tal vez me equivoqué, pero con la vida por delante y las vidas que llevaba en mis manos, mi alma adquiría ya un tono oscuro en aquellos momentos, con mi sangre impura y entre mi vida la persecución del pasado. La venganza vuelve ciego al ser humano, envenena al alma, al principio parece dulce, tan dulce como probar el mismo cielo, pero cuál equivocado está uno, cuando las consecuencias te alcanzan la mancha de oscuridad en tu ser crece lentamente hasta devorarte completamente y en tu corazón la dulzura que ocupaba la venganza se convierte en un trago amargo, en un pesar más. Ahora vago por todo el mundo en busca de una respuesta, mi búsqueda de la expiación de mis pecados, en esta época de muchos cambios la gente solo busca el bien propio, ya no hay diferencias entre bien y mal, es cuestión de perspectivas y como dicen “el cristal con que se miren” las cosas, nos hemos convertidos en egoístas y arrogantes sin sentido de la vida, aunque muy pocos conservan esa pureza, la ingenuidad, un alma no corrompida, sin embargo, todos los hemos hecho a un lado, perder esa pureza el cual hace maravilloso al ser humano, no se cuanto tiempo he estado pensando así bajo la luz de la luna llena, las hermosas estrellas como si fueran miles de almas pegadas en la basta oscuridad del infinito universo, ¿es así como uno quiere vivir? O simplemente dejarse llevar por la corriente.
Yo debo seguir mi camino, por eso estoy aquí en frente de una iglesia, ante un sagrado templo de Dios, que se ha convertido poco a poco en tan solo un edificio un lugar de convivencia, a veces de actos corruptos, convirtiéndola así en un monstruo, una empresa más en este mundo, en donde el dinero es el que importa, ya había pasado en Roma, y la Santa Inquisición, asesinos vestidos con la cruz sagrada, nadie espera lo que va a suceder en tan solo unos minutos, tomaré una vida humana en frente de todos, no espero que comprendan, si asesinar fuera algo comprensible todo sabríamos quienes son los asesinos y quienes las víctimas, también a veces no se elige ningún lado, pero las circunstancias llevan a uno a elegir un lado tarde o temprano, al terminar con la vida de alguien puede llegar a ser un placer, una droga más, aquel que mata por placer llega el momento en que su mente se quiebra hacia la locura, asesinos seriales, el terrorismo, entre otras aberraciones del asesinato se convierte en un acto de estupidez, de falta de lucidez en la mente, el ser humano fue creado para destruir, es nuestra naturaleza, pero el asesinato para mi es tan solo la absorción de más oscuridad, hundiendo mi corazón y alma hasta lo mas bajo del infierno, quemando mi alma una y otra vez, comprendo que es un crimen quitarle la vida a alguien, no hay actos redentores, no importa si la persona es corrupta o no, el asesinato es el acto de arrebatar una vida humana y se paga un precio muy alto por ello, no quisiera justificarme pues al matar solo a personas corruptas no me vuelve tan bueno como uno quisiera pensar, no hay “muerte con causa”, tampoco mato por placer, no me provoca ningún sentimiento, es tan solo un acto entre mi victima y yo, donde la miro a sus ojos, observo sus movimientos, el tiempo se detiene entre ambos.
Entro a la iglesia, todas las bancas están llenas, ni un alma cabe más, quisiera gritar “Bienvenidos a mi acto de crueldad”, aunque mi presencia ya había puesto muchas miradas sobre mí, algunos sonrientes me saludan, otros tan solo sentían miedo o curiosidad, quien no lo haría, que pensarías si vieras a un hombre vestido de negro, con una gabardina del mismo color, un pelo largo suelto al hombro y ondulado saltando un poco por cada paso que das, y eso es porque solo han visto el exterior, dentro de la gabardina en mi costado izquierdo a la altura del pecho se encuentra una pistola calibre 45 preparada con 8 tiros, un compartimiento en la gabardina contiene 8 cartuchos de pistola, no me agradan mucho las armas de fuego, matar con un arma de fuego a larga distancia no te permite ver el alma de la víctima, ni siquiera absorber la oscuridad en ella, solo la utilizo como salida en una situación que lo amerite, mi arma preferida se encuentra mas abajo, a mi lado izquierdo de mi cadera se encuentra una katana hecha especialmente en Japón, la funda de color negro con un pequeño signo japonés o Kanji escrito en la parte superior con el significado de “Alma”, algo que tan puramente esta hecho por el alma del herrero, pero, la espada es un arma para matar no importa que tan poéticas o bonitas sean las palabras alrededor de ella, es un hecho que lo único que sirve es para matar. Me encuentro ya solo a 20 metros de la víctima, observo fijamente sus movimientos, sonriendo, hablando con los monaguillos, su mirada fija en el libro santo, queriendo mostrar al mundo, o mejor dicho, ocultar a todos la perversión y oscuridad que hay dentro de él. Pobre padre Martín, por tus pecados ahora eres juzgado por tan solo un humano, no Dios, no el Demonio, sino tan solo un simple y sencillo ser humano, aquel ser de la oscuridad que reclama tu alma para él. Desenvaino mi espada lentamente de la funda, la gente a mi lado me mira fijamente como si fuera loco, sus miradas de miedo se puede sentir desde cualquier parte, el silencio se hizo total, todo esperaban mi movimiento, algunos cuchicheos lejanos que podía escuchar, el sonido de cientos de feligreses había sido callado en tan solo un instante, al momento de que mi espada desenvainada colocándola en frente de mi con mi mano derecha señalando a mi víctima, quien me observaba con cierto temor e incertidumbre, hasta que las siguientes palabras salieron de mi boca “Padre Martín, he venido por su alma” al momento de escucharlas su cara cambió totalmente a un color blanco, sus pupilas se dilataron en ese instante, e instintivamente empezó a moverse torpemente con la sotana puesta, gritando de histeria, corrí tras de él con mi espada en forma de estocada, los 20 metros que había de distancia se acortaron en tan solo segundos, cuando mi espada entro por la espalda atravesándolo por el estómago.
— ¿Por qué haces esto?... yo… soy un p…pastor— empezaba a tartamudear y unas lágrimas salían de sus ojos, me acerqué a sus oídos — Oh, padre, creo que alguna vez debió comentar sus pecados… su alma es ahora mía— le susurré antes de empujarlo para sacar mi espada de su ser, levantándola en plena caída del padre, el filo de mi espada terminó de cercenarle la cabeza, las gotas de sangre había caído sobre algunas figura de Ángeles, y el altar, ese blanco altar estaba manchado de sangre, las personas miraban impávidas, ni un gesto mas que el de terror en sus rostros, todo parecía una eternidad, en silencio… pasaron algunos segundos antes de que reaccionaran, la histeria se hizo masiva gente gritando, llorando, mientras yo tranquilamente con una hoja de papel con el mismo signo de la funda, limpiaba la sangre que había quedado en la espada, envainándola después de limpiarla me agacho lentamente para dejar la hoja en su pecho y así lentamente pararme para continuar mi camino.
—Alto ahí — pude escuchar a lo lejos, dos policías esperándome para atraparme, como si fuera tan tonto para dejarme entregar ante una de las partes mas corruptas de mi país, no los culpo, su bajo salario y su pésimo equipo, creo que en este mundo decadente solo nos convertimos en víctimas del dinero, pues sin él no podemos vivir, y corrompe el alma del ser humano con la avaricia… al repetirme estas palabras una y otra vez, hablando como un pastor, dibujo en mi cara una sonrisa, hace poco había matado a un padre, y ahora hablo como uno de ellos, parece estúpido pero en fin, miro fijamente a la cara de los policías, observo su mirada de miedo, puedo sentir el temor a morir en sus movimientos, yo parado en frente, ante el altar camino poco a poco hacía la silla en donde el padre se sienta ante el altar, sin perder de vista a los dos policías. —No entiendes, no te muevas pendejo o te puteamos, te hacemos tragar plomo hijo de tu madre— ahora se sentían tan valientes, sus palabras, mejor dicho su lenguaje tan coloquial de mi país, da una tonalidad picaresca a veces, pero, en otros casos solo parece un aberración del Español. — ¡Vamos!, ¿se atreverán a disparar a este hijo de puta? — dije mientras me sentaba en la silla con cierta arrogancia, era de esperarse su reacción de enojo pues empuñaron sus armas, martillando sus revólveres 38 especiales, un arma poderosa, sin embargo en manos de alguien que no sepa utilizarlas es tan solo una tontería enfrentarse ante alguien con un poco de experiencia. — Oh no, ustedes no matan sino en “defensa propia”— hice un ademán con mis manos para mostrar el “entre comillas” en las palabras “defensa propia”, una pequeña pausa — o ¿será que solo matan por la espalda como cobardes e imbéciles que son?... son tan cobardes que ante alguien a quien desconocen se ponen valientes y cuando es una banda, o alguien “poderoso” se echan como perritos falderos, porque eso es lo que son, perritos falderos vestidos de azul— ya había encendido la mecha, como era de esperarse de alguien prepotente que escucha la verdad —¡CABRÓN!... maten al hijo de perra— otros dos policías habían llegado desde las puertas de ambos lados de la iglesia, ahora comprendo porque la valentía, si estos imbéciles no son tan estúpidos después de todo, saben lo que es tomar ventaja de la situación. Los disparos fueron a discreción pero sin acertar ninguno, puesto que me lancé al suelo cubriéndome con el altar de piedra, tuve tanto tiempo puesto disparaban por turnos para no dejarme escapar, pero ellos no tienen la misma paciencia que tengo, esperando el momento justo para el contraataque, aprendí de entre tantas heridas y estando al borde la muerte que aquel que gana no es el que tiene el mejor armamento, sino aquel que tiene la paciencia y la inteligencia para aprovechar los pequeños momentos de ventajas, me había olvidado de los feligreses, pero con la histeria la mayoría imagino que salió corriendo antes del tiroteo, algunos con la impresión se habían quedado en su lugar, tirados en el suelo, llorando desconsoladamente, a veces los gritos de las personas me daba las fuerzas no se por qué, es algo extraño tal vez, no hay marcha atrás la vida es tan solo un juego que hay que saberlo jugar, así que debo seguir jugando, tomó mi pistola y la martilleo lentamente, esperando solo la oportunidad de asesinar de nuevo, tal vez la persona a quien le quitaré la vida sea honesta, pero es un infortunio de la vida a veces colocarnos en el lugar menos apropiado, el tiempo se detiene poco a poco otra vez, es el momento solamente ya que todo solo pasa en segundos, saco la mitad de mi cuerpo por el lado izquierdo del altar, BANG el primer disparo justo a la cabeza de uno de los policías, BANG, BANG, el segundo y tercer disparo al pecho y cuello del policía a la derecha, me escondo de nuevo y respiro profundo y exhalo lentamente, los otros dos policías inician los disparos de nuevo, escucho algunas maldiciones y malas palabras, algunas que recuerdan a mi madre, pero no pongo mucha atención a sus palabras, me concentro solo en tomar la vida de los otros dos policías, se detienen los disparos de nuevo, me levanto por encima del altar, mi dedo en el gatillo impaciente por disparar de nuevo, siento el cosquilleo, empezaba a disfrutar esto en realidad, estaba cayendo en la naturaleza del ser humano, el destruir, la oscuridad me empezaba a devorar, otros disparos salen de mi pistola casi al mismo tiempo, uno atraviesa la nuca del tercer policía, otro falla y el tercero le da en el hombro del último policía, caen al suelo, me levanto lentamente, la sangre regada a mi alrededor daba al ambiente un tono grotesco, una carnicería en pleno templo divino, no espero perdón de Dios, ni mucho menos de todos los aquí presentes, a mi lado los últimos respiros del policía que le había atravesado el cuello, caminando con cierta arrogancia con la pistola levantada, suelto otro disparo le vuelo la mano al policía herido, no quiero errores, siete tiros ya estaban vaciados de mi pistola, solo faltaba el último, aquel que me había llamado hijo de perra estaba ante mí, sus ojos de temor y su expresión de dolor me daba lástima, solo que las ordenes son precisas “asesina al padre y a todo aquel que se ponga ante ti”, hago la culata de la pistola hacia atrás, la última bala del cartucho sale disparado de la cámara, lo atrapo con la otra mano y lo empuño, cierro los ojos, mis lagrimas brotan lentamente de mis ojos, sabía que todo esto estaba mal, y no solo había tomado un alma sino que iba a tomar cinco almas en mis manos más, me agacho lentamente hasta acercarme casi al oído de mi víctima.
— No conozco tu nombre, no sé si eres bueno o malo, no conozco todo de ti, solo se que estuviste en el lugar menos apropiado, déjame llevar tu dolor, y cargar toda tu oscuridad en mi ser— le dije estas palabras mientras tomaba sangre en la punta de la bala, la última bala lentamente la coloco en la cámara, la cámara se cierra de nuevo, respiro hondo y aprieto el gatillo, el casquillo de la bala sale lentamente o parece salir lentamente de la pistola, escucho las sirenas que vienen al lugar, miro hacia atrás y el Cristo detrás de mí me mira con pena, me giro y me hecho a correr, mi vida se vuelve a manchar de sangre, por qué lo hago… no lo sé, en busca de una expiación tan dolorosa, sigo insistiendo cuando el momento llegue entregaré mi vida. Por el momento, solo puedo seguir en la búsqueda de quien fue…. ¿Caroline, quien fue el que te mandó a asesinar?... mi amada Caroline.
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